La Fundación Tiempos se constituyó en el año 2001 por iniciativa de un grupo de arqueólogos y arqueólogas argentinos interesados en una mejor comprensión y preservación de las múltiples trayectorias de la gente en el pasado, desde el conocimiento académico y popular, para formular un futuro mejor.

Su constitución fue posible a partir de una desinteresada y generosa donación inicial realizada por Carlos A. Aschero, que ese mismo año había ganado el Premio Bunge y Born por su trayectoria en Arqueología.

«La Arqueología tiene que ver con esto, un contar las historias no escritas o las entrelíneas de lo ya escrito. Lo que quedó de lo que realmente se hizo, la materia más pura del hacer humano: sus rastros».

Carlos Aschero, arqueólogo argentino, socio fundador y primer presidente de la Fundación Tiempos.

Trabajar por la protección, manejo sustentable, difusión, conocimiento y desarrollo de las investigaciones sobre el Patrimonio arqueológico, antropológico, histórico y documental, y de su entorno ambiental.

Apoyar y capacitar a aquellas instituciones, grupos o individuos cuyos objetivos contemplen tareas de investigación, rescate, revalorización, promoción y difusión de la Arqueología y ciencias o disciplinas conexas.

La Fundación Tiempos cuenta con personería jurídica (N° 560/01 del 19-11-2001, Exte. 5126/11-02-2001), y recientemente se le ha otorgado el beneficio de exención impositiva (AFIP Certificado N° 942/2017/017686/1).

La Fundación colabora y/o auspicia con diversos proyectos (con o sin financiamiento externo), donde se realizan actividades relacionadas con nuestros objetivos, tales como relevamientos patrimoniales, realización muestras arqueológicas en museos de diverso tipo; visitas guiadas para delegaciones de alumnos; conferencias; dictado de talleres, edición de libros etc.

“La Arqueología (lo sabemos todos) es un instrumento que nuestra cultura ha diseñado para disectar aquellos hechos materiales que son el trazo sólido de una vida ausente. Es un tipo de desplazamiento e inmersión profunda en lo humano desconocido, en esa vastedad de signos fracturados que para nosotros no son más que otredad, corazón y tinieblas”

Francisco Gallardo, arqueólogo y poeta chileno (“Arqueología y Poesía”)